La alcancé tan deprisa como pude sin llamar su atención.
-Disculpe, señorita.
Ella se volvió, y su rostro se iluminó al verme.
- ¿Si?
- Normalmente nunca abordaría así a una mujer, pero no he podido evitar fijarme en que tiene usted los ojos de una dama de la que una vez estuve locamente enamorado.
- Es una pena amar solo una vez- dijo ella, y su sonrisa traviesa dejó entrever sus blancos dientes-. He oído decir que hay hombres que consiguen amar dos veces, e incluso más.
Ignoré la burla.
-Yo solo he delirado una vez. Nunca volveré a enamorarme.
Ella adoptó una expresión dulce y apoyó suavemente una mano en mi brazo.
-Pobre hombre, esa mujer debió hacerle mucho daño.
-Cierto, me hirió de varias maneras.
-Pero eso tan solo era de esperar- Dijo con naturalidad -¿Cómo no iba a amar un mujer a un hombre tan opuesto como usted?
-No lo sé – Dije con modestia-. Pero creo que no me amaba, porque me atrapó con una sonrisa adorable y luego desapareció sin decir palabra. Como el rocío bajo la luz del amanecer.
-Como un sueño al despertar – añadió Denna con una sonrisa.
- Como una doncella férrica deslizándose entre los árboles.
Denna se quedo cayada un momento.
-Esa mujer debía de ser verdaderamente maravillosa para enamorarlo tanto- dijo entonces mirándome con seriedad.
-Era incomparable.
-Bueno- Adopto un tono más jovial-. Todos sabemos que a oscuras todas las mujeres son igual de altas. - Soltó una risita y me hincó el codo en las costillas con complicidad.
-¡Eso no es cierto!- dije con firme convicción.
-Está bien- dijo ella lentamente-. Supongo que tendré que creer lo que me dice. – Volvió a mirarme-. Quizá algún día logre convencerme.
Me sumergí en el castaño profundo de sus ojos.
-Esa siempre a sido mi gran esperanza.
Denna sonrió, y me dio un vuelco el corazón.
-Mantenla- Deslizo un brazo en la curva del mío y echó a andar a mi lado- Porque sin esperanza, ¿Qué nos queda
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